Leyendas de Yucatán

Leyendas de Yucatán: Oxkutzcab

Oxkutzcab tiene una historia que se remonta a las épocas precolombinas, a la caída del señorío maya de Mayapán, se convirtió en capital de un señorío regional gobernado por la familia de los Tutul Xiu. En 1550 los españoles fundaron la actual población, alrededor de una misión atendida por sacerdotes franciscanos. ¿Pero de dónde se origina el nombre de Oxkutzcab?

Terror

Las sillas del Cementerio General

El Cementerio General de la Ciudad de Mérida está lleno de hermosas y bellas estructuras, al pasar por la Avenida de los Mausoleos podrás encontrar, a lado del Mausoleo de Don Gregorio Torre, una plataforma con dos sillas que tienen la misma apariencia de las características sillas "Tú y Yo" o también llamadas "Confidentes" que se pueden ver en los parques de Mérida y algunos otros de todo Yucatán.

Leyendas de Yucatán

Leyendas de Yucatán: La Esquina del Juglar triste de Izamal

El encomendero de una de las partes era un español alegre, quien organizaba reuniones en su casa. Un día mandó traer desde su país a una doncella -su hija-, mujer rubia, de ojos azules y prestancia en su persona, a quien la gente indígena al verla pasar la llamaban "La Doncella de Oro" pues era la primera mujer que veían con los cabellos rubios y los ojos azules. El pueblo la consideraba la mujer más hermosa y en consecuencia, era pretendida por los pocos mancebos españoles que ahí radicaban.

Turismo

Conociendo El Barrio de San Sebastián

El Barrio de San Sebastián se encuentra ubicado en las calles 70 por 75 de la Colonia Centro de la Ciudad de Mérida, forma parte de la red de barrios coloniales que envuelven en vida y fama a la Ciudad, siendo de los llamados barrios de segunda generación debido a su lejanía del núcleo central de la Ciudad durante la época colonial y que gracias a ello desarrolló una faceta distinta a los otros barrios.

Terror

La maldición de Misnebalam

La noche caía y estaban indecisos acerca de donde acampar, si en los restos de la Iglesia o en algunas de las casas, ya que el casco de la Hacienda aún era propiedad privada y unos cuidadores se encargaban de que nadie entrara durante la noche. Por fin pusieron todo su equipo en la casa que tenía aquella gruta en su patio, la cual examinaron y no le prestaron mayor atención al ver que no había nada interesante y que únicamente cabía una sola persona.